LEYENDA: “LA CALAVERA DE SAN FRANCISCO”
- Juanjo Herrera
- 17 feb 2024
- 1 Min. de lectura
En tiempos antiguos, en el venerable Convento de San Francisco, aconteció un evento de naturaleza inexplicable que aún perdura en la memoria de aquellos que escucharon su relato. Era una noche de llovizna, donde la débil luz de un farol proyectaba sombras inquietantes sobre la Portería del Convento. En ese escenario, emergieron dos figuras que, con paso vacilante, se aproximaron a la entrada, revelando sus rostros pálidos y fatigados bajo la luz del farol. Al tocar la campana de llamada, un fraile, aún adormilado, les dio la bienvenida. Sin embargo, al adentrarse en los oscuros claustros del convento, un escalofrío recorrió sus espaldas al escuchar misteriosos gemidos y el sonido de cadenas arrastrándose por el suelo.
A medida que avanzaban, una extraña luz fosforescente surgió a lo lejos, revelando una calavera que, con una mueca burlona, parecía desafiar su propia mortalidad. Paralizados por el terror, los frailes sintieron cómo sus extremidades se volvían pesadas e inmovilizadas. Imploraron perdón por sus pecados, pero la calavera, con una voz cavernosa, recordó su fragilidad humana: "Pulvis est in pulvere reverteris" (Polvo eres y en polvo te convertirás).
Aterrorizados por la manifestación sobrenatural, los frailes clamaron por perdón, mientras uno de ellos caía desmayado al suelo. Al amanecer, encontraron al otro fraile postrado frente al Cristo de San Francisco, en un gesto de profundo arrepentimiento, mientras que el otro hacía un voto solemne de reclusión perpetua en la Portería del Convento, marcado por la experiencia que los había confrontado con la realidad de su propia mortalidad.

Comentarios